Guía de Viaje: Qué ver en Croacia

    Después de unas merecidas vacaciones (esto nos lo decimos nosotros, que no tenemos abuela), estamos de vuelta de Croacia con energías ¡más que renovadas! Es difícil comprimir nuestro itinerario de 8 días en pocas palabras, pero haremos lo posible para hacerlo ameno y completo a la vez.

    Primer día – Norte de Croacia

    Volamos a Pula, en el norte del país, donde desde allí alquilamos nuestro Polo que nos va a acompañar durante todo el viaje. Aunque viajamos en pleno julio, no hemos pillado demasiado tráfico, pero no os confiéis y contad con tiempo extra para el transporte.

    Nuestra primera parada es Plitvice National Park, merece mucho la pena visitar este parque famoso por sus cascadas y lagos de agua cristalina. Pros: es el parque natural más grande de Croacia, patrimonio de la humanidad, con paisajes únicos. Contras: al estar protegido por la UNESCO, no está permitido el baño, importante saberlo por si vais con el tiempo justo y preferís dejarlo para otra ocasión.

    Desde aquí, nos dirigimos a Zadar, donde hacemos noche. Imprescindible visitar el órgano de mar o Sea Organ,un órgano construido en los peldaños del paseo que suena cuando el agua llega a él; y la escultura de Saludo al sol, del mismo artista, iluminada solo por la noche llenando de luz el paseo usando únicamente la energía solar que ha recogido durante el día.

    Para unas vistas panorámicas perfectas, hay que coger fuerzas para subir los peldaños de la torre de la Catedral, pero el esfuerzo merece la pena. Pros: ciudad pequeña y manejable, con encanto de origen italiano, y precios baratos. Contra: alejada del sur, donde se encuentra la zona turística de visita imprescindible.

    Segundo día – Hacia Bosnia

    En nuestro segundo día, nos dirigimos a otro parque natural de postal, Krka National Park. Hay que ir con tiempo para evitar las colas de gente, pero si viajas en julio o agosto, ¡ármate de paciencia!

    Hay varias entradas al parque, aunque nosotros elegimos la entrada por el pueblecito de Skradin, ya que para entrar, tendrás que coger un barquito que recorre el centro del parque y que está incluído en la entrada. La parte negativa (lo sentimos, no podía ser perfecto…), es que la gente lo conoce, y suele haber más cola por esta entrada. Pero si tienes tiempo suficiente, ¡a por ello! Una vez en el parque, podrás decidir entre hacer varias rutas de senderismo y refrescarte después bañándote en las aguas cristalinas, al lado de la cascada más fotografiada del parque: Skradinski Buk. ¡Paisaje de postal perfecto para dar envidia en Instagram!

    Después de estar en remojo, nos vamos hacia Split. Para los superfans de Juego de Tronos, aquí empieza vuestro tour. Abrid los ojos, porque muchos edificios os van a ser familiares. ¿Dónde están mis dragones? ¡Yo ya me siento como Daenerys! Esta ciudad es de película, todas las calles del centro se encuentran dentro del recinto del Palacio de Diocleciano, un pedacito de historia que puedes visitar sin horarios. Era la antigua residencia del emperador romano Diocleciano, que ordenó edificar este palacio para retirarse tras abdicar en el año 305… ¡No había un lugar mejor para ‘jubilarse’!

    Aprovechamos los últimos rayitos de sol, y nos vamos hacia Mostar, en Bosnia. Cruzamos la frontera ya de noche, y además de ahorrarnos horas de espera, tenemos la suerte de poder ver el encanto de Mostar, y su famoso puente, de noche y de día. Una ciudad de cuento y con mucha historia, donde conviven la cultura de Oriente y Occidente. Nuestro hotel super recomendable, con desayuno incluido y un recibimiento inmejorable (a pesar de hacer el checkin tan tarde) es el City Apartment One. Si reserváis por Booking, aquí os dejo nuestro código de descuento. Y para cenar, no os podéis ir sin probar la comida típica de Bosnia, muy similar a la Otomana, lo mejor: el cévapi... ¡no os arrepentiréis!

    ‘La Perla del Adriático’

    Nos levantamos prontito para poder visitar Mostar, ¡nos encantan sus calles empedradas! ¡Parece que hemos retrocedido unos cuantos siglos! Lo más impresionante es su Puente Viejo o Stari Most, construido por los otomanos, que es considerado un símbolo de unión entre la cultura cristiana y musulmana, ya que unía a los habitantes del oeste del río (mayoría croatas católicos) con los del este del río (bosnios musulmanes). Eran un ejemplo de unidad y ambiente pacífico, manteniendo una convivencia respetuosa de sus identidades y culturas. Tristemente, durante la guerra de Bosnia en 1993, el puente fue destruido por las bombas, aunque fue reconstruido años después, convirtiéndose en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO debido a su gran simbolismo.

    Tras visitar Mostar, volvemos de nuevo hacia Croacia, intentando no cruzar la frontera muy tarde ya que los atascos que se forman suelen ser de horas de espera. Nosotros partimos hacia Dubrovnik, y no llegamos hasta pasada la hora de comer, ¡nos fuimos encontrando un montón de coches! No queríamos ni imaginar la de turistas que iban con el mismo destino… y acertamos, ¡Dubrovnik estaba abarrotado de gente! Dejamos el coche aparcado en una carretera a las afueras, sí, en una carretera… los parkings son prohibitivos (unos 10 euros la hora), y aunque nuestro hostal se suponía que tenía aparcamiento, al final no fue así. Os recomendamos como un imprescindible que intentéis buscar un alojamiento con parking, y confirmadlo una y mil veces antes de llegar para que no corráis la misma suerte… En tal caso, podéis aparcar en la cuneta de la carretera que iba hacia el mirador del Monte Srđ y bajar andando, la parte positiva, es que disfrutamos de unas vistas de Dubrovnik impresionantes desde allí arriba.

    Después de la caminata al centro de Dubrovnik, y como frikis de Juego de Tronos que somos, nos dirigimos a las decenas de promotores de tours que hay a las puertas de la muralla, y reservamos nuestro tour guiado de la ciudad para ver las localizaciones donde se grabaron los diferentes episodios de la serie, ¡la ciudad está repleta! Nos encantó el tour, y además disfrutamos muchísimo descubriendo la ciudad a la vez. Dura unas dos horas, y cuesta aprox. 25-30 euros por persona. Eso sí, no incluye la entrada al Fuerte de San Lorenzo o Fort Lovrijenac, una fortificación sobre el acantilado que se eleva a 37 metros de altura, y también os ofrece unas vistas preciosas de la ciudad, además de haber sido usado para muchísimas escenas de Juego de Tronos. Si visitáis la muralla el mismo día, podéis comprar una entrada conjunta para visitar todos los monumentos de la ciudad.

    Para los que aún no os habéis enganchado a la serie, ¡no sé a qué esperáis! Ahora en serio, Desembarco del Rey- Dubrovnik tiene muchas cosas que ofreceros, desde perderos por las callejuelas del centro, pasear por las murallas que rodean la ciudad, o cenar en uno de los restaurantes del antiguo puerto… ¡la perla del Adriático es única!

    Además de unas calles llenas de encanto y abarrotadas de gente, Dubrovnik tiene mucha historia detrás, y ha sobrevivido desde terremotos a bombardeos, sin perder esa autenticidad que la caracteriza. No os podéis ir sin tomar una cervecita a la orilla del mar en el Buza Bar, encaramados a las rocas del acantilado y con la muralla a nuestras espaldas… y si os atrevéis, ¡algunos insensatos entre cerveza y cerveza también saltan desde el acantilado! Nosotros decidimos dejar el chapoteo para otro momento ;)

    Si buscáis algo más elegante, el restaurante 360º es vuestro sitio , pero reservad con muuuucha antelación. Nosotros no conseguimos mesa, por lo que decidimos cenar en el mismo puerto, en el restaurante Lokanda Peskarija. Pescado y marisco muy asequible y de muy buena calidad, ¡con raciones enormes!

    Si tenéis algún día más, desde Dubrovnik se pueden realizar varias excusiones y actividades. La más recomendable es la excursión de un día a la Isla de Lokrum, perfecto para escapar del bullicio de Dubrovnik en verano.

    Isla de Mljet y su parque natural

    Para visitar la Isla de Mljet, recomendamos que llevéis coche, ya que aunque hay buses, los horarios son bastante malos para coincidir con los horarios de los ferrys.

    Nosotros cogimos el ferry por la mañana, y ¡hay que ir con tiempo! Los barcos se llenan enseguida y aunque tengas billete, no significa que te reserven la plaza para ir en ese ferry con tu coche, por lo que os tocaría esperar al siguiente, y perder unas cuantas horas en el puerto. Aunque se pueden comprar online, yo no lo recomiendo, mejor comprarlo en las mismas oficinas al llegar al puerto, por si tuviésemos que buscar un plan B ;). Para consultar los horarios del ferry podéis hacerlo desde su web; nosotros salimos desde Prapratno.

    Dentro de la isla, tenéis varias entradas al Parque Natural de Mljet, la de Pomena y la de Polače. Desde Pomena, hay menos recorrido andando hasta el parque, por lo que puede estar más masificada; si no encontraseis aparcamiento, siempre podréis ir desde Polače.  

    El Parque Natural de Mljet es impresionante, con dos grandes lagos de agua salada cristalina para bañarse, y disfrutar del día en la naturaleza. Con la entrada, tenéis incluido el trayecto en barco a un pequeño islote donde se encuentra un convento abandonado con mucho encanto. Para comer, hay pocas opciones, dos pequeños restaurantes en el islote, o bien comer en el pueblo, o ¡de picnic!

    Si disponéis de más días, hay alojamiento en la misma isla, y podéis acercaros a los pueblecitos y descubrir esta isla paradisíaca. Eso sí, aunque sólo paséis un día, no podéis iros de la isla sin visitar la ‘Cueva de Odiseo o Ulises’, ‘Odisejeva Spilja’. Es una cueva escondida en unos acantilados, que para acceder a ella tienes… sí, prepárate… que tirarte al mar desde el borde del acantilado, y ¡bucear hasta la cueva! Es impresionante, los rayos del sol reflejan en el mar y hace que el agua tenga un color único, ¡llevad el bañador y saltad sin miedo! Se llega por Babino Polje, y tiene una pequeña señal de ruta a pie/bici con unos 25-30 minutos andando. Se puede bajar el coche hasta la mitad, aunque es un camino bastante peligroso y así nos fue… ¡aprendí a cambiar ruedas pinchadas de emergencia! Eso sí, ¡mereció la pena!

    Si vais con tiempo, muy cerquita del puerto de Prapratno, donde se coge el ferry a Mljet si vas con coche, está la muralla ‘china’ ¡croata! Se encuentra en Ston y tiene más de 5km.

    Pasamos la noche en Orebić, en un pequeño apartamento del cámping Adriatic, con piscina y vistas preciosas al atardecer, perfecto pero sólo si viajas con coche, ya que está algo alejado del centro. Orebić es perfecto como ‘campamento base’ para realizar otras excursiones. Nosotros desde aquí decidimos a visitar la isla de Korčula, con conexiones en ferry cada 15 minutos (sólo para pasajeros), y el ferry te deja en la misma ciudad con mismo nombre, sin necesidad de caminar apenas. Korčula aún es bastante desconocida, y no hay tanta saturación de turistas. Es muy pequeñita, se ve en unas pocas horas, y la visita de verdad merece la pena.

    Desde aquí, nos dirigimos a nuestra última isla, la increíble Hvar. Aquí ya pasamos un par de noches y por fin nos olvidamos de perseguir ferrys por unos días, y lo hacemos en un Airbnb perfecto; y de paso, ¡un descuentillo! Si ya estáis registrados con Airbnb, podéis usar otra cuenta diferente para registraros desde este enlace y os dan 28€ de descuento, ¡pero no digáis que os lo hemos contado nosotros!

    Hvar es muy turística, pero tienes mil opciones para disfrutar, sea cual sea el plan que te guste. Si sólo quereis relax, podéis disfrutar de la isla, con playas preciosas y para todos los gustos: Pokonji Dol Beach (muy cerca de Hvar), y si disponéis de coche, más tranquilas, están Mekicevica beach, Robinson beach, y Milna, con dos playas y restaurantes a pie de playa para todos los bolsillos ;)

    Nosotros nos decidimos por hacer una excursión de 6 horas en barco por la costa de la isla, que incluía visita a las famosas ‘Red Rocks’ o ‘Crvene stijene’ (donde también podéis llegar en coche); paramos en Sveta Nedelja (unas curiosas bodegas construídas bajo el mar), y después disfrutamos del snorkel y de las aguas transparentes de las islas Šćedro y Pakleni o ‘Paklinski’, ¡con infinidad de playas paradisíacas!

    Para los mejores atardeceres desde Hvar, podéis subir hasta la fortaleza de Hvar; si queréis combinarlo con un chill-out, vuestro sitio es el Hula Hula Beach Bar.

    Zlatni Rat

    Ya vamos acabando, ¡de verdad! ¡Pero es que fue un viaje muy intenso! Después de muchas dudas, decidimos (y conseguimos) ir a Zlatni Rat, o famoso Cuerno de Oro, en la isla de Bol, desde Hvar. Es un sitio muy turístico, pero creíamos que había que verlo. Hay pocas combinaciones y con horarios limitados, pero conseguimos ir desde el pueblo de Jesla. Hay excursiones de turistas que vienen en barco a ver este pueblecito, y después van hasta Bol, y nos dejaron unirnos pagando muy poquito, por llevarnos en barco hasta Bol. Una vez allí, se puede ir andando hasta Zlatni Rat, o ir en ‘barco-bus’ hasta allí (lo más cómodo y rápido). La playa es muy pequeñita, pero con mucho ambiente, bares, etc. y también ¡llena de turistas! Para gustos, colores, pero eso sí, el agua casi transparente te deja sin palabras, ¡perfecto para ir con el flotador y no salir en todo el día!

    Para las mejores vistas, hay que subir al mirador Vidova Gora. Son unas dos horas andando desde Bol o 40 minutos en coche. Nosotros nos quedamos con las ganas, pero el calor era insoportable y sólo teníamos unas horas en Bol, por lo que decidimos disfrutar de la playa, pero las vistas panorámicas deben de ser alucinantes. ¡Siempre hay que dejar algo pendiente para próximas visitas!

    Todo lo bueno… ¡tiene un final!

    Cogemos el que será el último ferry de nuestro viaje, desde la isla de Hvar (puerto de Stari Grad) a Split, y desde ahí, conducimos hasta Trogir, donde pasamos la noche. Nos hospedamos en el hotel ‘Villa White’, muy buena ubicación, personal muy atento y todo nuevo, con parking, perfecto para poder ver la ciudad al día siguiente (Si reserváis con Booking desde este enlace, ¡recordad que os hacen descuentillo!)

    Trogir es un pequeño pueblo de la costa dálmata fundado por los griegos, y ocupado más tarde por los romanos, eslavos y venecianos. Estos últimos dejaron huella en la pequeña Trogir, que os recordará a alguna ciudad costera italiana. Es muy pequeña y fácil de ver en un par de horas, pero os sorprenderá lo abarrotada de turistas que puede estar. Os recomendamos perderos por las preciosas callejuelas de piedras, y si queréis volver a encontraros, con alzad la vista veréis la torre de la Catedral de San Lorenzo, que asoma desde prácticamente cualquier punto de la ciudad. Si os sobra tiempo, visitad el Castillo del Camarlengo, construído por los venecianos como punto estratégico y residencia del gobernador.

    Y ya dejamos atrás Trogir y nos vamos destino aeropuerto para regresar… ¡estos días se nos han pasado volando! De camino tenemos tres opciones: ver Pula y su famoso anfiteatro romano o ‘Pula Arena’; Šibenik y su catedral; o Primošten y sus aguas cristalinas. La opción era clara, mediodía, muchísimo calor, y nos queríamos ir con un buen sabor de boca, ¡bikini y al agua! Primošten no nos decepcionó, pero nos ha dejado con muchas ganas de volver y pasar un poco más de tiempo en este pequeño islote medieval, con playas paradisíacas y ¡casi desiertas! ¡Croacia nos ha dejado enamorados!